Per Inma Monge

Me llamo Inma y tengo 28 años. Vivo en Malta desde octubre del año pasado realizando un SVE en la organización Inspire. Esta organización trabaja con personas con discapacidad en diferentes terapias: piscina, terapia con caballos, diferentes programas de aprendizaje para la vida diaria…



Personalmente, prefiero trabajar con el grupo de niños/as pequeños/as, ya que la mayoría no hablan y el idioma, en este caso, no es una barrera. Con ellos/as, tan solo con un gesto o un movimiento con las manos, o unas palmadas puedo captar su atención y comunicarme fácilmente. Además, a nivel profesional me siento realizada, ya que tengo experiencia con personas con autismo, y en muchas ocasiones he podido ayudar e intervenir con las trabajadoras, y ellas, están muy agradecidas conmigo.

El pueblo es una maravilla, al menos para mí. En Sevilla vivía en una ciudad bastante grande y con muchas cosas que hacer. En Marsaskala, este pueblecito marinero donde el azul del cielo y el agua contrasta con el amarillo de las casas, es todo diferente.
 

Suele amanecer muy temprano. A las siete de la mañana, cuando ya es totalmente de día se escucha la misma melodía de las campanas de la iglesia, y los pajaritos revoloteando y piando contentos.

 

Me encanta el olor a mar del puerto. Si bajas temprano, puedes comprar pescado fresco recién llegado del mar en esas barquitas de colores. Los marineros, una mezcla entre persona ruda y a la vez entrañable, te saludan y explican qué tipo de pescado es, como lo puedes cocinar y cuánto cuestan… (todo eso en una mezcla de maltés e inglés que es melodía para mis oídos jajajaja).

En cuanto a mis compañeros/as, para ellos/s no tengo palabras. Me he convertido en una más de la familia en Marsaskala, cosa que les agradezco de todo corazón. Cada día, quedamos un ratito después del trabajo, para contarnos cómo ha ido el día, tomar un té, unas galletas, cocinar juntos…

Me encanta la experiencia que estoy viviendo como voluntaria, que aunque hay veces que añoro a la familia, el idioma, la tierra… volvería a repetirla siempre. 

Un saludo desde Marsaskala,

Inma